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Artesanía chic mediterránea

Artesanía chic mediterránea (640x480)

El castillo de Sant Carles acoge los domingos casi una treintena de puestos, música y comida

Raquel Galán 25.06.2018 | 02:45

Colors Market se estrena en el Dique del Oeste con el deseo de perdurar más allá del verano. Por ahora, la oferta es plenamente estival, con ropa, bisutería, joyas y complementos, de diseño y hecho a mano

No es el primer mercadillo de Ciutat, aunque sí el que se estrenó ayer en el castillo de Sant Carles, en el Dique del Oeste. La artesanía con un toque mediterráneo chic protagonizó la primera edición de Colors Market, que se celebrará todos los domingos del verano a partir de las 18 horas. La idea de los impulsores es perdurar más allá del estío, aunque por ahora los casi 30 puestos de venta de ropa, complementos, bisutería, joyería y algún que otro producto gastronómico de calidad –como aceite y confitura– eran plenamente veraniegos, reflejo de un estilo de vida mediterráneo que se extiende por doquier.

Como, por ejemplo, los bolsos, cestas, caftanes y alpargatas que vende Formentera Aguamarina. En la misma línea se mueven los diseños de Sanaia, aunque con adornos llamativos. Un toque moderno con colores fluor es lo que pone Oh estiu a sus artículos creados con telas de llengos. Los tradicionales textiles de la isla también lucieron en el puesto que la ONG Mallorca Sense Fam tenía ayer en Colors Market, ya que cada semana habrá una ONG con el fin de recaudar fondos para los más necesitados, según explicó uno de los organizadores, Jaime Viñals, quien ha impulsado este mercadillo con Ruth González e Iván Ruiz.

En el patio del castillo-museo militar se concentran los talleres y actuaciones infantiles, así como el puesto de Piruliru, donde hay camisetas con diseños en relieve y un agradable olor conjuntadas con complementos. Mientras los niños disfrutan con las actividades, los mayores tienen música en el foso,foodtrucks y bebida para cerrar la tarde dominical de forma agradable junto al mar.

 

https://www.diariodemallorca.es/palma/2018/06/25/artesania-chic-mediterranea/1325465.html

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Vandalismo urbano en 09,06,2018

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Pintadas vandálicas en la capilla de San Alonso de Bellver aparecidas el pasado fin de semana.

CUANDO enseñaban latín, lengua de las elites europeas hasta el S. XVII y hoy de cada vez más menguante en la educación, los viejos profesores advertían a sus alumnos que nomina stultorum parietibus hærent, es decir, que los nombres de los tontos se adhieren a las paredes o, por otra definición, aunque ahora no venga al caso porque no estamos en periodo electoral, las caras de tontos siempre se encuentran en lugares públicos. Pero esto era antes.

Paseando hoy por las vetustas y angostas calles de la vieja Palma, esta joya del Mediterráneo que debería aspirar a ser declarada Patrimonio de la Humanidad, se encuentra un panorama lamentable: una pléyade de grafómanos han profanado buena parte de sus venerables paredes. Paradigmáticas eran ya las calles de San Miguel o Jaime II, donde ni un cerramiento había quedado sin embadurnar, pero ahora el problema es aún mucho más grave ya que la invasión de grafitis ha alcanzado ya las paredes de calles que hasta ahora se habían salvado de este vandalismo urbano y así, entre otras muchas, las calles aledañas al barrio de Sant Jaume en mayor medida, ofrecen un aspecto desolador e impropio de una ciudad que se precia de ser civilizada.

Se advertía hace ya tiempo que si nuestro Ayuntamiento quiere una ciudad limpia de pintadas, aunque no solo de pintadas -ahí están los excrementos de perro, las manchas de chicle en los suelos, etc.- porque Palma no es el Bronx, hace tiempo que una numerosa pero invisible en la calle policía municipal debería haberse esmerado y acabado ya con unos grafiteros que, por sus signos repetitivos, parecen ser casi siempre son los mismos. Pero nuestros gendarmes no han cumplido con su obligación. Y el alcalde haría bien en recordárselo y exigirles más efectividad que la demostrada ya que sus resultados han sido nulos.

Se ha dicho, con razón, que los actos vandálicos, mayormente los grafittis, son destructivos por naturaleza y, además, le cuestan al bolsillo de los ciudadanos. Emaya gasta dinero en eliminar las pintadas de los edificios públicos pero no así de los privados, y así nos luce buena parte de la ciudad. La obligación del ayuntamiento, de una ciudad turística por más señas, es que su policía impida esta plaga. Y si no bastara su actuación, limpiara un poco más. Pero una cosa antes que la otra. O ambas.

 

http://www.elmundo.es/baleares/2018/06/09/5b1ba703468aeb45088b4617.html